LO ABSURDO DEL INFIERNO
Para muchos creyentes es importante el estar preparados para la vida eterna. Son conscientes de que llegará el día en que dejarán este mundo terrenal y para que sus almas lleguen al cielo deben estar preparados. Cómo? aceptando a Jesús como su salvador y fuente de agua viva, claro, en el caso de los cristianos. Y qué pasa con quienes no lo son? Y con quienes han muerto siglos atrás y jamás conocieron a Jesús u oyeron hablar de él?
Así dice Jesús en el libro Jn: 25,26: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque esté muerto, vivirá y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente.”
Ahora analicemos: supongamos que alguien muere y es juzgado por Dios. Esta persona ha sido mala y va derecho al infierno. Entonces se encuentra con el diablo y sus demonios listos para someterlo a toda clase de torturas. Sabemos que toda materia se quema al contacto con el fuego, entonces que clase de fuego puede quemar un alma que se supone no está hecha de materia, o sea, carne y hueso? La misma Biblia dice además, en Eclesiastés 9:10 “Y todo lo que esté en tu mano hacer, hazlo con todo empeño, por que en el sepulcro, donde irás a parar, no se hace nada, no hay conocimiento ni sabiduría”, mientras que Jesús dice que quien cree en él aunque esté muerto vivirá. Cómo puede alguien saber si está en el paraíso o en el infierno si no tiene conocimiento ni sabiduría, es decir, no es consciente de nada en absoluto? Es más, como puede ser castigado si ha muerto eternamente, o sea, ya no existe? Otra contradicción más de la palabra de Dios.
Ahora hablemos del paraíso. La biblia enseña que el paraíso es el lugar donde vive Jesús y María con todos los santos (y los que faltan por beatificar) y que Jesús está sentado a la diestra de su padre, según los católicos. Pero según los cristianos evangélicos, María no fue una divinidad sino una mujer común y corriente, entonces los católicos que crean en María se van al infierno. Otra cosa piensan los musulmanes. Para ellos el paraíso está lleno de princesas vírgenes que viven en palacios y ahí no están ni Jesús ni María, o sea que son felices sabiendo que escogieron la fe verdadera, a diferencia de los infieles cristianos evangélicos, judíos, católicos y demás. Ellos no creyeron en Alá, así que arderán en el infierno.
Lo más triste de esta creencia es que gracias a ella el mundo se ha convertido en un mundo dividido. Parece ser que sólo la gente que vive en las grandes ciudades y quienes han recibido educación en escuelas cristianas, musulmanas, ortodoxas o como se llamen, tienen derecho de ir al cielo, y los demás qué?
Hablo de los indígenas que vivieron siglos antes de la conquista española. Ellos no conocieron a ningún Jesús, menos a sus apóstoles. No tuvieron oportunidad de ser lavados de la mancha llamada pecado que les fue heredada supuestamente por Adán y Eva. Qué mala memoria tenemos los latinoamericanos! Ya no recordamos como fue que se apareció Jesús en América viniendo de tan lejos? Nuestros antepasados fueron convertidos al cristianismo por la fuerza. De igual forma lo hubiera hecho la religión islam o cualquier otra si hubieran tenido en sus planes visitar a los indígenas americanos, masacrarlos, robarles sus tierras, y desde luego, mandar a las deidades indígenas al olvido y destruir sus templos. Qué derecho tenía la inquisición de mandarlos al infierno? Sólo por que no eran cristianos?
Qué derecho tienen los creyentes de una religión al querer convencer al resto de la población mundial de que se afilien a ella? Y peor aún, de amenazarlos con ir al infierno si no logran su objetivo? Esto es sólo una muestra del egocentrismo humano. Sólo un dios creado por el hombre es capaz de burlarse de quienes no crean en él, y condenarlos al castigo eterno.
Ningún invento ha sido más destructivo que el infierno. Ningún otro ha causado tanto miedo a niños y adultos y ha alimentado tantas mentiras. Y es eso lo que ha mantenido vivas a las religiones del mundo: El miedo. Miedo a ser condenados. En base a eso se les ha inculcado dichas creencias a nuestros padres y ellos a nosotros. La amenaza del castigo eterno es el reflejo mismo de la intolerancia producto de las religiones, sea cual sea. Mientras haya intolerancia, difícilmente veremos hecho realidad el sueño de ver este mundo sin odio y sin guerras.